Contagio de enfermedades en la guardería

El inicio de la guardería origina desde el punto de vista médico la exposición temprana a agentes infecciosos que causan repetidos episodios de catarros, gastroenteritis, conjuntivitis, faringitis, etc. Las infecciones se producen por estar expuestos a los gérmenes, y de ello dan buena cuenta los padres de niños pequeños que también ven como ellos mismos vuelven a enfermar como quizá lo hicieran en su infancia. En la guardería hay muchos niños juntos, en un espacio relativamente pequeño y las posibilidades de contagio, son altas. Además la prevención resulta difícil, puesto que muchas enfermedades ya son contagiosas antes de que den síntomas y sean identificables. Por ejemplo, la varicela se contagia desde como mínimo un par de días antes de la aparición de las vesículas, cuando es imposible saber que el niño transmite la enfermedad.

El sistema inmunitario del pequeño se activa ante los estímulos de los agentes infecciosos (bacterias, virus…). Las defensas del niño se volverán más fuertes y agresivas si se produce un contacto sucesivo con el mismo agente patógeno, ya que el organismo activará su “memoria” inmunológica.
Por lo tanto, puede que el niño enferme más a menudo en la guardería o el colegio. Sin embargo, en compensación, durante esta etapa, se enfrentará mejor a los virus y a las bacterias.
Es necesario controlar que cada vez se trata de trastornos y enfermedades diferentes, y no de los mismos que se repiten. La recaída puede suponer una mala curación o unas defensas débiles o insuficientes.
Si el niño padece primero un resfriado y después una laringitis, los padres pueden estar tranquilos, porque significa que su sistema inmunitario funciona correctamente.

Desde el punto de vista de higiene, la medida más eficaz para frenar el contagio es el lavado de manos, en especial tras los cambios de pañales y tras el contacto con secreciones (saliva, mocos, etc)

Un bebé tiene alto riesgo de enfermar en un medio en el que se encuentran muchos niños, ya que se favorece la diseminación de infecciones con gran facilidad. Una de las labores que tienen que hacer los pediatras es advertir a los padres, desesperados porque su hijo “siempre está enfermo”, de que mientras un bebé está en la guardería existe el riesgo de adquirir todo tipo de infecciones, en especial las virales.
Un estudio realizado por la Academia Americana de Pediatría concluye que un niño que asiste a la estancia infantil o guardería tiene más:
1. Cuadros gripales, bronquitis, crup o laringitis.
2. Diarreas.
3. Infecciones de los oídos (Otitis).

Diferentes formas de transmisión

Las infecciones más frecuentes en la guardería pueden transmitirse de diferentes formas:
Por vía respiratoria. Con la tos o los estornudos los gérmenes se expulsan al aire y luego son inhalados por otras personas, que resultan contagiadas. Otra posibilidad es el contacto con la saliva o las secreciones respiratorias (“los moquitos”). Esta es la forma de transmisión de los resfriados y otras infecciones respiratorias, así como de la varicela y diferentes enfermedades exantemáticas, entre otras.
Por vía fecal-oral. Esto ocurre con microbios que se eliminan por las heces y, a través de las manos, el contagio se produce al ingerirlos. Esta vía de transmisión es frecuente en niños pequeñitos aún incapaces de controlar su defecación. Esta es la forma de contagio de la gastroenteritis, una de las infecciones más frecuentes en la guardería.
Por contacto con la piel. Puede ser un contacto directo o a través de objetos que actúan como intermediarios. Esta es la forma de transmisión de las infecciones de la piel, la conjuntivitis o las parasitosis cutáneas (piojos…).
Por contacto con líquidos orgánicos. La transmisión por contacto con sangre es excepcional en la guardería. Más frecuentes son los contagios por contacto con orina o saliva, como ocurre en la infecciones por citomegalovirus o herpes.

Pág 1 de 5123.Últ